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Hoy se estrena ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, docu-ficción dirigida por Julián Morcillo y Alejandro Rath basada en el libro homónimo de investigación del periodista Diego Rojas sobre el asesinato del militante del PO. Una película que hay-que-ir-a-ver.

 

A Mariano Ferreyra le gustaba leer, más que nada. Era tímido, pero se imponía entre sus compañeros por su capacidad de oratoria. Desde pequeño tenía asignadas tareas en su casa, ya que su madre trabajaba y le pagaba a él y a sus hermanos para ocuparse de limpiar y cocinar. Le gustaba Chachachá. Militaba en el Partido Obrero. Pero militaba todo el tiempo. Era militante y después amigo. Era militante y después hijo. Era militante y después cualquier otra cosa. Murió asesinado por una patota sindical de la Unión Ferroviaria el 20 de octubre de 2010. La película ¿Quien Mató a Mariano Ferreyra?, basada en el libro homónimo del periodista Diego Rojas, dirigida por Julián Morcillo y Alejandro Rath, nos permite conocer todas estas intimidades de Mariano pero no se queda ahí: muestra a los responsables de su muerte con nombre y apellido. Se estrena este jueves en todo el país y hay-que-ir-a-verla, por varias razones.



En primer lugar, se trata de un documental-denuncia, que descubre qué hay detrás de “el crimen de Barracas” en términos estructurales: precarización laboral, tercerización, malversación de subsidios, represión vinculada a patotas, sindicalistas que defienden a las empresas en lugar de a sus trabajadores, etc. Una verdadera clase de historia reciente que se remonta a mitad de siglo XX y explica de forma muy elocuente cómo operan no sólo las empresas concesionarias de este transporte sino que también reconstruye la trayectoria política de muchos de sus referentes, especialmente José Pedraza, líder de la Unión Ferroviaria.



En segundo lugar, ¿Quien mató...? ha sido financiada de una forma novedosa en el escenario local, con el sistema de “Crowdfounding”, en el que muchos aportan algo de dinero para que alguna actividad artística se lleve a cabo, “dejando de lado al intermediario”; lo que posibilita que experiencias difíciles de financiar puedan ver la luz. Y aunque inicialmente contaron con el apoyo del INCAA, los directores se lanzaron a esta aventura porque el hecho político detrás de la película lo ameritaba: “Decidimos hacer una película más grande de lo que podríamos haber hecho con ese presupuesto, porque Mariano genera una solidaridad que se puede ver en la calle, en las movilizaciones.”, explicó Julián Morcillo al respecto. En este sentido, es importante que la audiencia se concentre los primeros días del esteno,  para mantenerla por más tiempo en cartel y así contribuir desde la difusión a esta financiación colectiva.



Finalmente, hay-que-ir-a-ver esta película porque a días de la sentencia del juicio, se intenta una condena social a los resposables del crimen, a quienes se muestra con nombre y apellido con José Pedraza a la cabeza. Con esto se pretende presionar también en términos judiciales y que el estreno sea cercano a la fecha de la sentencia no es casualidad. Si bien el material que se ve en el filme no ha sido incorporado a la causa, la tradición del grupo de cine Ojo Obrero a la que pertenecen Morcillo y Rath no es despreciable a la hora de aportar prueba judicial. Sus vídeos contribuyeron a llevar a la cárcel a Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta, los policías que fusilaron a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en 2002. Esta vez, al no disponer de imágenes del asesinato de Mariano, los directores se lanzan a reconstruirlo con la ayuda de los propios compañeros de militancia, lo que ellos mismos expresaron como una experiencia muy movilizadora para todos los involucrados.



En términos formales, el filme es un docu-ficción: por un lado vemos a un periodista encarado por Martín Caparrós, que va desentrañando los móviles y motivos del crimen a partir del testimonio de especialistas y otros periodistas involucrados con la investigación. Paralelamente, se realiza un recorrido documental clásico, con testimonios de familiares y amigos de Mariano, material de archivo y algunas fotos. Juntas, las dos formas de contar le imprimen a la película una velocidad de thriller político poco frecuente en los documentales. Sin embargo, más allá de cómo se cuenta la historia (o las historias), hay algo que queda muy claro hasta para un ojo poco atento: las manos detrás de la cámara  son de compañeros. Eso también le da otra dimensión al filme, que lo acerca al homenaje sin restarle con eso intensidad narrativa y así logra emocionar por dos.

Hay-que-ir-a-ver ¿Quien Mató a Mariano Ferreyra?, cuánto antes. Y no sólo eso: hay que llevar a un amigo que no sepa mucho de política, o que no se interese  por el tema, ya que el asesinato a sangre fría de Mariano adquirió, por lo que vino después, una trascendencia inusitada dentro de lo que puede denominarse “violencia política”. Y en ese contexto, esta película explica claramente que no fue “la bala que mató a Mariano la que rozó el corazón de Néstor”, sino que fue el sistema mafioso que Néstor mantuvo, el que mató a Mariano. Y eso, amigos, es una gran diferencia.

© 2013 ojo obrero

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