¿Quién mató a Mariano Ferreyra?



El 20 de octubre de 2010 es recordado como el día en que la burocracia sindical, la patota organizada, la complicidad del Estado y los residuos vivos del neoliberalismo se llevaron puesta la vida del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, cuando se manifestaba junto a un grupo de trabajadores tercerizados.



El año 2013 debiera ser recordado como la época en la que se juzgó por el crimen y se castigó a los culpables, con una velocidad inusual en el proceso judicial, que comenzó el 6 de agosto del año pasado, cuando testigos, familiares, amigos y conocidos de Mariano se congregaron en las puertas de los tribunales de Comodoro Py 2002 bajo la misma consigna.

Aquella mañana hubo un momento que tal vez defina la esencia del juicio. Fue en el momento de mayor sensibilidad y emoción acumuladas en la sala cuando entraba José Pedraza, titular de la UGOFE, acusado de ser el autor intelectual del crimen. “Compañeros, queremos justicia”, se oyó a algunas personas frenando a quienes descargaban su bronca a los gritos, porque la consigna era esa, que pueda llevarse a cabo el juicio, sin ningún problema. Justicia, en una palabra.



Diego Rojas (periodista) escribió el libro “¿Quién mató a Mariano Ferreyra?”, parafraseando a Rodolfo Walsh, emblema del periodismo de investigación, quien fue desaparecido en 1977 por la dictadura cívico-militar más sangrienta de la historia argentina. La versión de Walsh se basaba en Rosendo García. Ambas historias tienen puntos parecidos.



Alejandro Rath, Julián Morcillo y todo un gran equipo de trabajadores llevaron adelante el proyecto que derivó en la versión cinematográfica, semanas antes (si todo sale como se espera), del veredicto en el juicio, el cual lleva ya casi 70 jornadas. “El personaje está construido un poco desde lo retro, medio chapado a la antigua, que investiga seriamente y quiere llegar a la verdad más allá de los intereses de para quien trabaja”, asegura Rath, y desenfunda la reivindicación de Walsh desde la construcción como una “referencia permanente”.



Imposible encajar una historia tan extensa en una hora y media de pantalla grande. El grupo de cine Ojo Obrero logró ejecutar “¿Quién Mató a Mariano Ferreyra?” con un engranaje de siete capítulos, simil libro, donde se tocan los temas más importantes que rondan alrededor del crimen, desde la proveniencia de la bala que le quita la vida a Mariano hasta las injusticias que padecen los tercerizados en Argentina.



Martín Caparrós interpreta en su debut protagónico a Andrés Oviedo, un periodista que trabajando en una revista se interioriza en la investigación del caso, cuando el jefe de redacción Enrique Piñeyro (en la voz del “petiso”) lo presiona en base a los intereses -desinteresados del problema pero no- de la dependencia política del medio gráfico. Otras figuras que no quisieron quedarse fuera son Leonor Manso que interpreta a Gladys, la secretaria de Pedraza, y Soledad Villamil, secretaria del “petiso”. Del conjunto de actores principales, con acercarse apenas al clima de la redacción el encargado de limpieza (Ivan Moschner) advierte la dificultad de que el trabajo de Oviedo siga en pie mientras avance por ese camino de la investigación.

En una ardua producción y con prolíficas escenas, se mixtura la ficción con la realidad, absorbiendo esta última a la anterior.



Oviedo entrevista tanto a Rojas, al periodista Ernesto Tenembaum, ferroviarios y tercerizados, mientras que aparecen en forma de documental las palabras de Beatríz, madre de Mariano, su hermano Pablo, amigos y cercanos, con el primerísimo primer plano destacando el llanto o la emoción en algunos casos. Incluso hay un anónimo por razones laborales que no brinda su nombre, sólo es un testimonio con algunos “bloques” de la cara. Pero la emoción es corrida de órbita principal de la película para dar lugar a la consecución de elementos determinantes para analizar y entender el plano de la situación. En esta producción no sólo se van a ver escenas para pasar el rato, sino que logra lque la persona que se sienta a verla no pueda evitar hablar de un problema a nivel global, que debe resolverse para que uno de los sueños de Mariano se cumplan, y no haya más pibes que paguen por la desidia ajena, como le tocó a él.



Entrevista al director

Alejandro Rath es Director de Imagen y Sonido egresado en la UBA. Dirigió anteriormente varias películas desde que integra el grupo de cine Ojo Obrero en 2002, como la reveladora “Piqueteros Carajo”, y luego fue citado a declarar en el juicio por el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki (26 de junio de 2002), situación similar que atraviesa Diego Rojas en el juicio por Mariano. A continuación, la entrevista realizada para “la Paco” antes del estreno de “¿Quién Mató a Mariano Ferreyra?”



Agencia Paco Urondo: La película tiene una estructura bastante particular y distinta, atravesada por entrecruzamientos entre lo que pasó, a modo documental, y lo que iba a pasar, en modo ficción (con algunos personajes y muchos datos reales). ¿Cómo surgió esta idea de producir una línea temporal no tan horizontal que tuviera tantas matices?

Alejandro Rath: Cuando leímos el libro de Diego Rojas pensamos que tenía una estructura narrativa muy adaptable a lo cinematográfico. Ese libro cuenta con 3 líneas: por una lado, la reconstrucción de los hechos de manera más policial; por otro lado, la semblanza de Mariano, construida por testimonios de familiares y amigos, compañeros de militancia; y la última, la más densa, la investigación más periodística de cuáles eran las razones políticas y económicas que llevó a la Unión Ferroviaria a armar una patota de ataque a los tercerizados que estaban movilizándose. Ahí es donde nos empezó a surgir la inquietud de cómo contar eso de una manera dinámica, que atrajera al espectador y que no fuera del tipo del documental donde se baja la data. Ahí construimos un personaje de ficción, Andrés Oviedo, que es el que interpreta Caparrós, y esa situación de trabajo, la presión del medio en el que labura, y cómo esto entra en contradicción con su investigación y con sus ganas de llegar a la verdad.



APU: Considerándolo como uno de los ejes de la investigación por ser la esencia de lo que reclamaba Mariano ¿Cómo fue abordado el tema de las tercerizaciones?

AR: Nuestra idea con esta película es también intervenir en la realidad. Por eso hicimos un gran esfuerzo y nos apuramos por terminarla antes de la sentencia del juicio, que está ocurriendo en las próximas dos o tres semanas. Y la idea era desentrañar toda la trama que está envuelta en el asesinato, lo que tiene que ver con hacer público todo lo que sirva para su conocimiento, hacer lo más masiva posible esta trama y aportar de esta manera a la opinión pública general sobre la condena a los asesinos de Mariano.



APU: En la película se ven varias líneas, no sólo de la situación política actual, fragmentos de la historia, del análisis previo como en el caso de Pedraza. ¿Cómo fue tener que reconstruir una historia sobre un problema tan importante como lo que queda dentro de la continuidad del neoliberalismo?

AR: Es como decís vos, nuestra idea también era contar cómo existe una línea de continuidad histórica entre el proceso de privatización de los servicios públicos y de las empresas estatales, cómo eso fue armando todo un mercado laboral tercerizado, flexibilizado, y cómo en ese proceso juega un rol fundamental la burocracia sindical, obviamente en complicidad con los distintos estados que recorrieron la vuelta de la democracia, y con las empresas que fueron privatizando estas empresas estatales. Nos parece que la figura de Mariano en ese sentido es importante porque él lucho contra la tercerización, que lo afectaba a él mismo, ya que había estudiado Enfermería, estaba tratando de conseguir un laburo, laburaba tres meses a prueba y lo echaban, un fenómeno que recorre a los trabajadores por lo general donde un 40% de ellos labura en negro, no tienen estabilidad. Es un tema que sigue pendiente en la Argentina y hay que abrir la discusión. Esperamos que la película aporte en ese sentido.



APU: ¿Cómo se trabajó la escena del 20 de octubre, el día del asesinato de Mariano?

AR: Muchos de los que participaron de la filmación ese día fueron parte de la movilización del 20 de octubre. En un principio nosotros veíamos la complejidad de la filmación de ese momento, habíamos pensado en hacer algo un poco más pisado, con algunas imágenes y una voz en off que cuente un poco qué pasaba. Pero bueno, empezamos a convocar a gente que enseguida se copó con el asunto, y cuando vimos que podíamos contar con 100, 120 personas, empezamos que por ahí podíamos hacer un registro más crudo, más cercano al documental. Y eso terminó de funcionar los dos días que estuvimos rodando en Barracas, donde la gente creó un compromiso y una capacidad de contar lo que ahí había pasado, lo que había entendido. Después hubo un par de sucesos particulares, como cuando algunas personas no querían hacer de la patota, o cuando nos acercamos al momento del asesinato de Mariano había gente que empezó a irse, que le parecía muy fuerte y no lo soportaba. Fueron dos días muy intensos y muy interesantes a nivel cinematográfico.



APU: Después de haber filmado “Piqueteros Carajo” y contar la historia de Maxi y Darío, ¿cómo fue la situación desde la óptica del director al encontrarse algunos años después con otro asesinato, encarar una nueva filmación, con una situación nacional distinta, en otro contexto pero con algunas similitudes?

AR: Era otro momento político y era un clima más urgente. Estuvimos en diciembre en 2001, el 19 y el 20, y estuvimos el 26 de junio (de 2002) cuando mataron a Maxi y Darío. Lo que salió de ahí fueron producciones muy urgentes, que hicimos en dos semanas, y formaron parte también de la campaña de denuncia de sucesos. Era toda una movida que tenía que ver con que un gran sector de la sociedad estaba movilizado. Ahora es otro momento político, me parece que este asesinato ha reunido un montón de cosas que están sin resolver y sacan a la luz varios problemas. Nos encuentra a nosotros en otro momento de las experiencias de hacer cine también, en el que decidimos hacer un trabajo más planificado, nos tomamos dos años en hacer esta película pero sabiendo que el juicio iba a tardar dos años en resolverse, por lo menos. Tiene otro carácter que no es tan urgente, pero sigue manteniendo la intención de intervenir en la realidad con la película.

APU: Por último: en los créditos se refieren a los colaboradores de “Ideame”. ¿Cómo fue ese proceso de ayuda colectiva que dio el último empujón económico para el film?

AR: Fue una idea que se nos ocurrió también por esa realidad del cine nacional, cómo le cuesta hacerse visible, nos parecía que necesitábamos guita para la difusión y como era un caso que conmovía a un montón de gente podíamos plantearnos la posibilidad de pedir una colaboración colectiva para eso, y la verdad funciono bárbaro: en 40 días juntamos 50 mil pesos, con más de 110 colaboradores, y todavía siguen. Es una película muy colectiva y está sobre la base de la solidaridad de la gente que prestó su laburo, su casa para filmar. Es un esfuerzo colectivo muy importante.

© 2013 ojo obrero

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